SOY RESPONSABLE DE LO QUE AMO

Últimamente escucho hablar de la responsabilidad a la hora de enfrentarnos a situaciones que de un modo u otro nos afectan a todos. Empuja a hacer cosas como siempre se han hecho. Apelar a ella parece que obliga con mayor fuerza si cabe a tomar partido: Trabajar con más ahínco; sin perder la perspectiva y, siempre desde esa visión, coyuntural o histórica, que nos mueve a ello.

Pero, tanto ha ido el cántaro a la fuente, que se ha roto. El acto de fe que, en muchos casos, he hecho para aferrarme a la responsabilidad como motor de mis actos se ha hecho añicos. Contemplo los trozos sobre el suelo y me pregunto por qué no me siento triste, no siento desazón.

Lo he pensado y me atrevo a afirmar con prudencia, pero en mi nombre, sólo desde mí, que actúo con responsabilidad sobre aquellas cosas, personas o situaciones que viven en mí: Todo aquello que amo.

He tirado con muchas cosas por personas en las que confiaba pero, no por ello, poseían la verdad. Su verdad me hacía pensar que era la buena. Pero era la suya, no la mía. Era su amor, no el mío.

Y hoy, siendo yo quien vive en mí, y sabiendo que la responsabilidad es la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente, acepto y reconozco que sólo lo que amo, porque así lo he decidido, y asumiendo las consecuencias, será objeto y sujeto de mi responsabilidad.

No es una pirueta lingüística: Es mi declaración de guerra a todo lo que me empuja a donde no quiero porque es lo que se espera de mí. Es la firma del armisticio en la guerra contra todo lo que no me construya y me haga más libre. Es mi declaración de amor a todo cuanto me da paz, me hace crecer y amplía mi horizonte.

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