Palabras

Desgarradas. Las palabras emergieron del más profundo de los pozos de la desesperación.

Narraron el camino recorrido por las lágrimas que no tuvieron consuelo. La soledad que vivía al lado del maltratador. La tenue luz de octubre que no llegó a quitar el frío helado que ocupó su corazón tras recoger los trozos de la dignidad.

Despojadas de su significado, vagaban por los carteles luminosos y los panfletos que alfombraban las calles. Desde las paredes los graffitis gritaban amor, gangas, suerte, amistad… Pero los colores, y el humo de los coches, manchaban por la mañana las sonrosadas mejillas de las nuevas palabras que brotaban de la ilusión y que se prostituían por la noche en todas las esquinas de los mentirosos anuncios.

Y las palabras, ay, seguían muriendo. La garganta agarrotada sólo podía sollozar. Amputado el sonido del lamento, tronchadas las cuerdas sonoras por el dolor, ocurrió el milagro:

Todas volvieron a la vida a través de las manos. Los dedos volvieron a encarnar las palabras mudas. Y su lectura resonó en los ojos de todos los que posaron su mirada en cada vocal, tilde, hipérbaton o metáfora que aparecían tras cada digitación en el teclado. En las cabezas de los lectores amanecieron colores malva, sonaron gritos de auxilio y susurros de amor. Promesas de una felicidad que resucitó después del tercer beso.

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