Náusea

La siento. Y es verdad. La siento mucho. Creo que, dadas las circunstancias, aún se pueden dar muchos más casos de corrupción. En mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, se ha propiciado la fuga de cerebros y capitales gracias a una crisis brutal. Pero lo que no se ha ido es la capacidad de robar a manos llenas. Los mangantes y hablarines que se han dedicado a negar lo evidente, hoy, han colmado mi medida. Ya no puedo tragar más mierda. Más inmundicia. Más insultos a la inteligencia. La siento. Y es verdad. La siento mucho. La náusea que me revuelve las tripas y me angustia la conciencia. Y creo que comparten esta sensación miles de conciudadanos que contemplan el baile de imputados entrando en la Audiencia Nacional como si de un afterhours se tratara. Pero el cinismo no acaba ahí. El nóbel lo detentan los propios partidos que siguen mirando hacia otro lado fingiendo indignación. Saben que si la cosa sigue así, todo caerá como un castillo de naipes. Ellos no conciben dejar de poseer la cuota de poder que detentan. Fingen que tienen conciencia, pero la guardaron en un ataúd dentro de una cámara acorazada en suiza. Y no puedo creer en palabras que producen asco sólo de escucharlas porque ninguno ha pedido perdón. ¡¡¡¡¡Pedir perdón!!!! Un gesto de ciudadanía, de humanidad, de reconocimiento de culpa en la que hay acto de contrición y asunción de culpas. Sé que la carne es débil. Pero igual de débiles son los miles de personas que perdieron sus casas por fiarse de rufianes con traje y sin alma. Por todo esto, califico la situación de NAUSEABUNDA. (Repugnancia o aversión que causa algo) No puedo encontrar un calificativo que se ajuste más al asco y a la rabia que siento. Es cierto que sólo concebimos la injusticia cuando está más cerca de nosotros. Confío que esta situación nos acerque al dolor de millones de personas que desayunan, meriendan y cenan corrupción, violencia, extorsiones y violaciones. Nosotros los cristianos, tenemos mucho que decir en toda esta barbarie. Ojalá que, a la luz de la esperanza que el Evangelio trae a todos los hombres, cambie nuestro corazón: Para hacer de este mundo uno más justo, más humano, más de Dios.

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