Fotonovelas

La naturaleza humana es asombrosa: Por ambos extremos. En uno de los márgenes del fluido humano, encontramos todo lo que lo hace trascendente, creador; sensible e intuitivo. Inocente y curioso. Lo que lo distingue del resto de las unidades de carbono que pueblan la selva terráquea. Por el otro, en la que la inteligencia brilla por su ausencia: Es esa en la que, todo lo que huele a humanidad, ni se barrunta y en la que, parecer astuto, te expulsa directamente. (Digo astuto porque es una cualidad de un animal al que le atribuimos ciertas capacidades en ese sentido, pero no es un piropo). Para mí, probablemente no me hará popular esta opinión entre consumidores y productores, la mayor prueba de esta parte de nuestra identidad son las telenovelas de después de comer. Las hay de sobremesa, de merienda, de precena… No sé: una pléyade de historias en lo que lo más amargo del ser humano se relata como si fuera verdad, “…como la vida misma”. En todas ellas hay malos diabólicos y buenos imbéciles a los que, de pronto se les ilumina la inteligencia y resuelven milagrosamente todas las maldades y los entuertos reliados durante meses en un par de capítulos en los que se van gestando las nuevas fechorías. Porque, el mal, nunca descansa. Luego, en peluquerías, estancos, supermercados y plazas, se pueden oír los comentarios de rabia e indignación a cuenta del último capítulo. No tenemos suficiente con la mierda de vida que vivimos la mayoría, que la hemos de hacer ficción, trasladar en el tiempo las bilis de hoy y disfrazarlas de historia y digerirla con la infusión drenante. No es un invento nuevo: Para la épica y la lírica siempre hubieron juglares y lenguaraces para solaz y esparcimiento del vulgo y la nobleza. En los palacios y en las corralas siempre se ha disfrutado del plato que nos sirve al igual con todo tipo de desgracias. Así, nuestra existencia pasa de la suela del zapato al calcetín. Del mester de juglaría a la fotonovela pre democrática. Me sorprende tanto interés en que el hombre no se dé cuenta de qué es: De quién es. Es mucho mejor tener embobados a los generadores de esperanza con fuegos de artificio y cuentos chinos, de todo a cien, porque siempre cuentan la misma historia: Un héroe que se enfrenta a sus miedos y que salva al pueblo devolviéndoles la dignidad. ¿De qué me suena?

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1 respuesta

  1. Rafael dice:

    Guerra, pues, al televisor! La inmundicia humana tiene muchas caras, pero yo creo que esas tonterías son solo eso, y que la gente las ve por puro escapismo. En el fondo la ficción convence a pocos… Especialmente cuando sabemos apreciar lo bonita que es la vida que nos ha sido dada, la verdadera, la que tenemos entre manos. Solo entonces el exhibicionismo más palurdo y sin gusto nos dejará indiferentes y tendremos la feliz idea de salir a la calle y ver la belleza en los verdaderos protagonistas de nuestra vida, aquelos que sufren de verdad y lo pasan mal sin ser actores de algún dudoso guión…

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