HÁGASE EN MÍ

Consagrado. Fascinante palabra. Con unas reminiscencias evocadoras y claramente relacionadas con la deidad y toda su parafernalia. Pero ahora me ocupo de lo concreto: De lo que el acervo popular conocía como consagrados. Digo conocía porque poquita gente sabe lo que es la consagración en lo que a la religión se refiere. Hay quien se consagra a trabajar porque es lo único importante. No abundo en el tema: Saldrían ampollas por lo ambiguo. Los más, trabajan como mulas, porque el sueldo es una mierda y no les da para cubrir la primera quincena; los menos, porque su vida es el trabajo. Esto último, es una pena. Hay consagraciones como la matrimonial, la de la misa… Es dar el ciento por ciento por lo que te has consagrado. Si lo haces en el matrimonio religioso es porque crees y, todo lo que dices que es importante, se respira en el hogar. Si es al trabajo, pues no se te ve por casa, ya que eres un sacerdote de la generación de bienes imputables (en el caso de que tengas contrato). Es tan obvio que temo insultar la inteligencia. Consagrarse a algo al 100% es dedicar el 0% al resto de las cosas. Por ello, estimados consagrados y yo mismo, sospecho que algo no cuadra. Y no lo hace porque mi pensamiento está en muchas cosas y no al cien por cien en el matrimonio. De la misma manera que digo que soy católico y que es su ley la soberana de mis decisiones… Es faltar a la verdad decir que todo mi ser está en una sola cosa. Y se demuestra en que mis frutos no hablan de lo que digo. Consagrarse a algo no es introducirse en una estructura que asegura tu fidelidad y tu crecimiento personal a favor de aquella y su consecución en el tiempo. Es buscar permanentemente la voluntad de Dios en el lugar y tiempo en el que vives: Cada instante. Y por muy paranoico que pueda parecer, ha de ser cada día. Dándome cuenta de que no hay refugio que te proteja de la mediocridad de tu propia vida. Llevamos lo divino y lo mediocre en lo más profundo de nosotros. Y es muy fácil dejarse llevar por la complacencia cuando hemos escenificado nuestra consagración a la vista de todos; ya sea en un orden sacerdotal o en un matrimonio civil o religioso. Son sólo hojas que se lleva el viento y se pierden en la memoria. Por muchas fotos que tengas, nada garantiza tu perfecta donación, al 100%, en piloto automático, llenando nuestros días de actividades… La liturgia de la consagración se renueva cada vez que se hinchan mis pulmones: Cuando mi mente y mi alma se acompasan al latido de mi corazón y todo mi ser canta “hágase en mí según tu palabra”

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