CORRUPCIONALES

Es tiempo de elecciones. No de si carne o pescado, blanco o negro, tacones o planos: Se abre un tiempo en el que hemos de discernir quiénes nos representarán en el servicio a los ciudadanos durante los cuatro próximos años. Hay un runrún que dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. No se…

Lo que sí sé es que el denominador común de los servidores públicos por sufragio universal, su trabajo y dedicación, están bastante denostados por pequeños detalles que nos describen un panorama desolador: Frente a gente que, día a día, luchan por ganarse el pan en sus puestos de trabajo (“gente que tan solo pide vivir su vida, sin más mentiras, y en paz”) están los que, cual advenedizos, se meten en política con el afán de servir y se quedan para distraer medios públicos.
No digo que todos lo hagan. Pero en estos tiempos que corren, la fama de los cargos electos está bajo mínimos por todas las noticias que hablan de apropiación indebida y judicialización de la vida política.

Me atrevo, por tanto, a afirmar que la gente elegida por el pueblo, son honrados en sus intenciones pero que, el poder, tocar moqueta, y toda su erótica, corrompen. Y donde dije digo, digo Diego.

Por ello, formulo la hipótesis por la que todo centro de poder es un Corrupcional en potencia. Sí. Ya sé que no existe esa palabra. Pero si unimos la palabra Corrupción, acción y efecto de corromper (Sobornar a alguien con dádivas o de otra manera) y Correccional, que conduce a la corrección, nos encontramos que el poder corrige inexorablemente a la corrupción.

Toda esta situación nos lleva a la actitud tantas veces escuchada en los medios: “Soy inocente y lo voy a demostrar”, “Los juzgados hablarán” y cosas por el estilo. Son afirmaciones destinadas a buscar el olvido pues la memoria a corto plazo es característica de la plebe. Pero el pueblo está un poquito cansado de olvidar para hacer la vida un poco más digna, para no sufrir más.

Lo que tú y yo queremos de la gente que nos tiene que defender frente a los que siempre ganan, con independencia de la ideología si la hubiere, es una petición de perdón: PEDIR PERDÓN. Si alguno de los partidos que andan con tantos escándalos fuera capaz de entonar un “Mea culpa”, un reconocimiento explícito de todos los desmanes cometidos, ganaría con la gorra las elecciones. Porque la petición de perdón viene de un examen de conciencia y un propósito de enmienda. Insultar la pobre inocencia de la gente, mirar hacia otro lado, haber convivido con el corrupto y afirmar no saber nada no ayuda mucho y nos habla de continuidad.

Ser un servidor público, un ministro, un menor al servicio de todos, ha de ser una responsabilidad y un honor. Una alegría y una decisión de hacerlo cada vez mejor. A tiempo y a destiempo; como sirve el corazón…

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