COLD CREAM

Tecnológicos. Hipertecnológicos diría yo. Actualmente vivimos en un contexto en el que los avances nos adelantan y es miércoles en San Futuro cuando para el vulgo es lunes. Y así, con una confiada mirada en la bondad de lo que viene, vivimos una vida de espera; que desespera, porque no es cierto. Se nos anuncia por activa y pasiva todo lo maravilloso que será manipulando la inocencia y la fe innata de los hijos de la tierra… Ha de ser muy efectivo pues desde tiempos inmemoriales se usa la misma técnica con iguales resultados: Una minoría controla el cotarro y la gran mayoría aplaude venideros parabienes. Todo este asunto nace por la obsesión que advierto en los medios de comunicación por venderme la juventud a cualquier edad. Digo yo que será porque, como la sociedad está envejeciendo (se ha invertido la pirámide de población), queremos aparentar ser jóvenes. No es una juventud como tiene que ser: Es una juventud cosmética (κοσμητικός. “Que se utiliza para la higiene o belleza del cuerpo, especialmente del rostro”) No es una juventud en la que recuperas tu antigua fuerza física, ni tu ilusión por luchar, ni buscar nuevos retos, ni nada ni ná: Es sólo belleza aparente. El colesterol, la artrosis, la presbicia y todos esas bolas que te cuelgan en el árbol de navidad de tu cuerpo conforme vas ganando en años, no te los pueden embellecer. Ganas años. Pero, al parecer, no ganas en sabiduría. Desde la leche de burra de hace dos mil años, pasando por la “Cold Cream” que anunciaba hace cincuenta la tonadillera, hasta la última celébriti que aparece vendiendo cremas regeneradoras o antienvejecimiento, no hemos aprendido nada. Enfoscamos nuestras arrugas con la convicción de que será tal y como nos lo cuenta la tele. De algún modo, queremos creer que rellenando las arrugas recuperaremos algo de la ilusión, que es la verdadera juventud; Pavimentando los baches de la vida, signo de que se vivió, quizá recuperemos algo del antiguo esplendor. Pero, a mi juicio, es como cuando vemos restauraciones parciales en un yacimiento arqueológico: Se compara el antiguo esplendor con la ruina actual.

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