TATUAJES

Obras ambulantes. ¿Qué artista no querría que sus trabajos fueran promocionados por la calle bajo soporte vivo? Cuando yo era chico, veía a gente que tenía unos dibujos pintados sobre la piel con un color verdoso cobre. Representaban a una “Pin- up”, señora de buen ver, a un ancla, clara referencia marinera y la típica frase “Amor de madre”. Eran representaciones testimoniales; apenas se veían ya que eran, los tatuajes, símbolos de penados y de gente de baja estofa. Con el tiempo, conocí a un yonki que tenía tatuado en el pecho el nombre de un colega muerto, el Yuti, buen amigo y mejor caballero (por lo del caballo, que lo reventó y anda cabalgando los cielos desde hace mucho tiempo) No deja de llamarme la atención la profusión de garitos y de parroquianos. Y me hago preguntas. Si la media de duración de un matrimonio es de 2.5 años y me tatúo el nombre de mi chorbo en la pantorrilla izquierda, promesa de amor eterno, ¿qué haré con ese nombre cuando ya esté con otra pareja? ¿Será un recordatorio de lo que la fidelidad hubo de ser? Esto es: ¿Viviré mi compromiso con la misma constancia que tiene la piel en mantenerse pegada a los músculos. ¿Serán los tatuajes lo más duradero que pueda mantener en mi cuerpo, mi mente, mi corazón? Como metáfora de la eternidad, me resulta atractiva. Lo gracioso es cuando tú crees que te has tatuado “Poder del Dragón” en chino mandarín y lo que pone en tus ideogramas es cerdo agridulce con salsa de soja. Otra cosa más. La eternidad se va haciendo paso a paso. La tensión de la piel que hace que un tatuaje luzca majestuoso, va dando paso a las ondulaciones que añade a nuestra figura la cerveza y el abandono del gimnasio. Lo que era un retrato de algún cantaor se transforma en un Chow- Chow. Reconozco que, cuando veo un mismo dibujo en dos personas distintas, pienso que pertenecen a la misma ganadería. Soy de la opinión que la perfecta obra que es cada cuerpo no se puede mejorar con ningún tatuaje. Lo único que hace mejor cada templo del Espíritu que somos es la voluntad de ser conscientes y vivir a tumba abierta.

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1 respuesta

  1. vicente morales gómez dice:

    ¡Cuánta belleza, hijo de tu madre!

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