ABRAZOS

12Tan real eres como cuando te comprueban. Parece un juego de palabras, pero es cierto; hay gestos, situaciones que te hacen saber qué lugar ocupas, quién eres, cuán importante…

Por eso, creo necesario pensar un poquito sobre la existencia. Esta parece ser una relación unívoca, conmigo: Estoy vivo, luego existo. Pero no es cierto. La perspectiva se pierde cuando uno está solo. Y no es que no sea verdad, que sí. Es que, cuando en esta feria de pueblo en la que nos movemos, no hay caseta de los espejos, parece que falta algo. No hay reflejo.

En ella, vemos nuestra imagen retornada: Fiel o deformada: Gordos, altos, desgarbados. Reflejos que contribuyen a que nuestra imagen se ajuste a la interior, la que creemos más correcta.

Así es: La gente son nuestros espejos, lejos de las islas desiertas en las que no hay respuesta a mi presente. Todos te devuelven una imagen. Y pueden, todas, ser reales.

Pero, por muy cierta que sea, es fría. Sólo tiene dos dimensiones.

Y ya llego al final. ¿Cuál es entonces la más fiel, la verdadera? Yo, la que prefiero, la que ansío y busco, es la imagen que me devuelve un abrazo. Me hace sentir vivo, real, consciente de mí mismo y de que no soy un náufrago. Protegido y a salvo de todo. Abrazos educados, corteses, amables, sin raíces; pero que te hacen consciente del lugar que ocupas en ese instante.

Y hay abrazos que te erizan los pelos, hacen de tu respiración una ola en la marea baja, lenta y suave. Te transportan a la quietud y la certeza de que vales la pena. Para mí y para la otra persona, es el momento donde no soy sólo yo, sino que me está diciendo que yo soy. Y, yo, se lo estoy diciendo también.

Es mi parte preferida. Aquellos momentos que me recuerdan la fecundidad de un abrazo.

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