BIBLIÄ

Ayer estuve en una gran superficie en la que te venden los productos desmontados. Te los llevas a casa y los montas tú mismo. Es increíble pero en IKAE, en sus productos, llevan unas instrucciones que, si las sigues al pie de la letra, terminas montando un reactor nuclear plenamente operativo. ¡Qué sorprendentes estos escandinavos! Tan ordenados y civiles, tan educados; y con esa lengua que sólo ellos comprenden. De ahí que usen pictogramas para todas las acertadísimas indicaciones que trae AEKI en su catálogo.

Esta maravillosa situación que viví ayer me hizo pensar un poquito. Venden de todo. Y me dije: ¿Venderán Biblias? Y creo que sí. Porque, cuando miro a mi familia creyente, cada uno hace lo que le da la gana. No sigue las instrucciones de montaje. Cada uno coloca las partes según le conviene, o le parece; y eso trae consigo inexactitudes. Pero, como son palabra de Dios, pues no pasa nada porque el orden de los factores…

Sí cambia el producto. Si no hay desierto en el Antiguo Testamento, no hay entrada de un nuevo pueblo en Canaán. Si matamos a Cristo antes de la anunciación, apaga y vámonos. Si no hay un primer milagro en las bodas de Caná, no hay comienzo de la vida pública, ni de la buena nueva (evangelĭum, εὐαγγέλιον)

Hay que seguir las instrucciones. Leerlas detenidamente y no hacer de la Palabra de Dios un bien de consumo al gusto. La consecuencia de la consecuencia a la hora de seguir a Jesús es un Reino de Dios para todos, sin exclusiones. Dignidad y paz; todos los frutos del Espíritu para todos.

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