LECHE

2-lecheCaminando, pasé al lado de una granja de vacas frisonas. Para los que no las conozcáis por su nombre, os informo que son las que dan leche. Blancas y negras, como la tele pre democrática, son una fuente de preguntas cuando las observo. Me explico. A las seis de la mañana comienza la coreografía que acompaña a tan simpáticos bóvidos. Con las ubres hasta el tapón, saben que, en breve, pasarán por una manga, un lugar de entrada, que les llevará al box de ordeño. Ahí, sienten cómo se las soban, y les conectan las teteras, para extraerles la leche. Tras un ratito, se las quitan y salen por donde pone salida. En algunas granjas, les ponen música. Así hasta que todas las que están en producción pasan por la sala de ordeño. Se limpia la zona porque las vacas no entienden de lugares a la hora de hacer de vientre y se prepara para el ordeño de la tarde. Las niñas vacunas y las adultas pasan al lugar donde están la mayoría del tiempo. Los pesebres están llenos de una mixtura que les alimentará y favorecerá la producción láctea. Comen y, tras saciarse, se dedican a rumiar. Cuando una vaca está rumiando, está tranquila y puede ver pasar la vida con confianza, pues es el momento de descansar. Si hace calor, se ponen en marcha unos ventiladores gigantes que refrescan el ambiente. Y hay un artilugio que hace las delicias de las usuarias. Es un rodillo como el de las máquinas de lavado automático de coches, que cuelga del techo en el que se rascan. Todo un placer. Y cómo se parece la humanidad a las vacas. Sujeta a las rutinas, segura del sentido de la vida: El ordeño al que somos sometidos para sacarnos productividad, sueños y creencias. Para luego ser alimentados con lo que toque: Telerrealidad, vacaciones o compras en rebajas… Todo vale para dejarnos rumiando, ausentes de toda duda razonable, preguntándonos a dónde irá el tren que pasa por delante y nunca tomamos, pues es más seguro rascarse con fruición en cualquier artilugio que cuelgue de la última novedad fungible. No me habéis preguntado dónde están los machos. No están. Las vacas son inseminadas buscando la mejora genética de la especie. Como en los humanos, el papel de los machos es circunstancial.

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