EL PARTE

B11Llegando la hora de comer, mi abuela Soledad, nos pedía que le pusiéramos la tele para escuchar el parte. Sorprendente petición. E incomprensible para los que nacimos tras el Baby Boom. Rascando rascando supimos que, en el tiempo de la guerra entre hermanos que asoló España, a mediodía, se escuchaba el parte de guerra. De esa manera, se cacareaba la bondad de la jornada y la fanfarria que acercaba la victoria un poco más a los perdedores. (En la guerra no gana nadie)

Pues eso. Después de escuchar el parte, siempre mascullaba lo mal que estaban las cosas. O lo bien. Y a otra cosa, que hay que apañar la casa. Sin filtros, escuchaba y seguía como si tal cosa, dieran lo que dieran.

Hoy en día, nos siguen dando precocinada la realidad que tenemos que deglutir. No importa cuál sea la cadena que proclame que el ejército rojo, cautivo y desarmado, ha sido vencido: Cada una manipula la realidad para solaz y esparcimiento del amo al que sirve.

Con un espíritu constructivo, apelo al ser trascendente que habita cada ser humano. Ese que no quiere un solo día igual a otro. Cada giro de rotación, camino traslador de nuestro planeta, es único. No permitamos que viejas historias rejuvenezcan con la alta definición. Ojalá el espíritu inventor y pícaro de todo hijo de mujer, quiera jugar con el destino, al corro de la patata que todos juntos podemos jugar.

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