PUZLE

rotoLas piezas desordenadas del rompecabezas fluyen por las venas, viajan por los nervios. Queriendo encajar. Y, a veces, se encuentran y, en una sincronía oscura, la del interior, se funden y la luz ilumina todos los rincones. Vuelve la oscuridad tras el fogonazo vital que retoma la búsqueda del equilibrio perdido, tantas veces encontrado; muchos, ausente.

Y me sigo haciendo preguntas sobre la naturaleza humana, su universal comunidad: La raíz que nos hermana y los frutos que nos distinguen. Tantas coincidencias y tan pocas diferencias.

Sin embargo, son las últimas las que definen el estatus de las relaciones. Más allá de la frontera es la luna la que gobierna tu conciencia. Los de la cruz, al norte, encarnan las esperanzas: Y los alambres de espino hacia todo lo que intuyen distinto.

Historias, sensaciones todas que viven en el puzle de la humanidad que habita en mí; todos, cada uno, viviendo en cada célula que construye mi cuerpo.

Por eso hay que recrear las historias. Cambiar los nombres, los paisajes; partos y cementerios han de ser descritos de nuevo para ser reconocidos por todos.

Siempre la misma historia buscando comprensión. La vida, en busca de su sentido.

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