¿INEXORABLE?

109143527_f547261c6c_bPero, ¿quién es ese que se refleja en el espejo? ¿Quién eres tú?

Al alba del tiempo en el que las luces eran más brillantes, los días más largos y los cuentos eran el telediario, la vida parecía que no se movía. Yo corría sobre ella y saltaba sobre los charcos. Peleaba con mis hermanos y jugábamos al segundo siguiente. Sobre un papel, dibujaba el panel de una nave espacial formada por un palo bajo una manta. Los sonidos en el espacio sonaban como en nuestra atmósfera. Los reyes eran magos y las navidades eran guirnaldas y luces de colores bajo el serrín del Belén.

Con ilusión viví hasta que empezaron los deberes. Aquellos que encorsetaron los juegos y maniataron la fantasía. Las princesas no eran gentiles. Y su desprecio, letal. No importaba que pulularan aún las historias de antaño sobre dragones alados. Una sonrisa, un “hasta luego” podrían ser el mejor de los finales a un momento perfecto. Y nada más. Nada más.

Pero no. Si interesaba, si eras guapo, si tenías lo que estuviera de moda, molabas. Los que no molábamos, éramos el coro de los gentilhombres que floreaban todo lo que querían.

Era incomprensible. El brillo de la ilusión de fue vidriando al mate. La princesa se tornó lentamente en hermana de Cenicienta, pues el príncipe ya no se acercaba y preguntaba si era aquel su zapato. Los años rompieron el cristal y la rutina rodeó la vida con su cadena: Las mismas palabras sonaban igual todos los días hasta que dejaron de haber palabras. Y hubieron costumbres.

Ahora veo mujeres que viven el desencanto. A veces, caminando con cuernos iluminados disfrutando de la despedida de soltera de una hija. Otras comportándose como adolescentes ante hombres diez años más jóvenes que ellas, buscando la mirada que la devuelva al palacio que abandonó hace, ¿cuánto?

Veo hombres que viven sin preguntas y vagabundean los mismos caminos que sus padres. Presos del estereotipo, lo ahogan como pueden en trabajo o cerveza. El amor se transmutó en hartazgo, las caricias se maquillaban de repugnancia por venir siempre del mismo sitio. Estoicamente, incineramos un día tras otro esperando el milagro de la resurrección; interpretando la vida como el inexorable paso de la utopía a la presupuestada suma de derrotas y tristezas por no haberse cumplido el guión: La vida perfecta.

Pero no existe en la naturaleza la pureza. Hay aproximaciones.

Cada dolor que no aporta evolución es una puñalada al niño que vive dentro. Si los siento es que aún estoy vivo. Huir de ellos es sembrar la próxima frustración. Creo que aún puedo pasear de la mano. Y nada más.

Aún puedo vivir sorprendiéndome de la vida que nos va cambiando. Y aportando la ilusión que no ha de faltar.

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