BANCOS

Euro1En la calle, la radio, la televisión: Los anuncios me muestran la cara amable de los bancos. Esos establecimientos tan acogedores, tan llenos de vida por las mañanas y tan vacíos por las tardes.

Me ofrecen mejorar mi financiación, cuotas únicas durante todo el año en facturas energéticas; también móviles financiados en comodísimos plazos. De ese modo, un teléfono carísimo se compra a cojón de obispo, como dicen en mi tierra de adopción: Pero es tan cómodo.

La cubertería y las maletas pasaron de moda. Ahora me hacen solidario a base de puntos que consigo con mi tarjeta de crédito, pudiendo donar una cantidad irrisoria, que me hace sentir bien.

Puedes contratar seguros, comprar televisores, lavadoras, mantelerías de Lagartera y una lápida con su terrenito.

Y pienso: ¡Qué majos son! ¡Que lejos quedan esos personajillos tan de Dickens que se ponían verdes contando el dinero producto de la usura.

Y no creo que un negocio que se dedica a ganar dinero esté movido por las buenas intenciones, el respeto por el cliente. Sólo les interesamos porque somos el limón y ellos el exprimidor. Nada de lo que parezca cercano a la humanidad se parece a ella. Es un espejismo, una mentira.

¿Quién, pues, se preocupará de la mujer y del hombre como seres dignos y no como consumidores, votantes, suscriptores o yacentes?

Los políticos, para hacer política que los haga eternos en los cargos y sus corruptelas; Los banqueros, a hacernos creer que les importa que no lleguemos a fin de mes.

Los que siguen la Palabra de Dios, que hagan lo que les corresponde: Lo que nos corresponde. Ser sal y luz del mundo.

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