HOMBRES, MUJERES Y CONSAGRADOS

pared-rotaNo habría sido muy mala elección. Hechos de hierro seríamos fríos, sólidos, resistentes. Pero, con el tiempo, la herrumbre nos corroería. O de vidrio. Pulidos y transparentes. Duros y frágiles a la vez. Metálicos o vítreos, siempre seríamos hijos de las entrañas de la tierra o de las arenas del mar.

Pero la mitología nos sitúa en una materia prima abundante, casi insultantemente común. La divinidad que nos otorgó conciencia se formuló en un cuento que usaba el barro como arquitectura primigenia.

Y tiene mucho sentido, porque lo que nos hace trascendentes no es la solidez de nuestro edificio: Es el software expansivo y evolucionario que nos dota de conciencia de nosotros mismos y de los que nos rodean.

Ambas naturalezas nos recuerdan que no hay atajos, senderos por los que trochar. Hay un tiempo limitado de vida para el barro. Su vuelta al origen, inevitable. Su finitud, garantizada. Pero, en cuanto al otro, la certeza es de que se halla en movimiento perpetuo. La decisión de que sea revolucionario o involucionista es nuestra.

Puedo hacer de mi vida un conjunto de reglas a respetar que me garanticen el cumplimiento: Una receta que siempre sabe igual. O nadar entre dos aguas. Que sirva a Dios y al dinero, en nombre de uno o de otro, dependiendo si hay penumbras o luz y taquígrafos.

Irreprochables. Errantes pero irreprochables. Es lo menos que podemos ser las mujeres y los hombres, consagrados o no; Divididos por una pura intención en el servicio al origen vital. Pero astutamente divididos. Así, vencidos.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.