PR€CIO$

100460876-euro-coin-rolled-dollar-bill-getty.1910x1000Tengo la sensación de que la religión se ha convertido en una transacción. Si tú haces algo, puedes modificar la voluntad de la deidad a favor de lo que quieres conseguir. Ya se que es simplona la idea, pero creo que no carece de valor por serlo. Si eres pobre, con una vida sin futuro ni esperanzas, no es descabellado que algún hablarín en nombre de cualquier todopoderoso te llegue y te venda la moto de una ultravida plena de todo lo que careces en la actual y con vistas a la Vía láctea. No hay nada que perder (porque no tienes nada) y te pones un chaleco bomba, o una ametralladora por bandolera al grito de que es muy grande tu jefe. Puedes, también, vivir hartito de todo, pues nunca has pasado necesidad y sentir el profundo vacío de una vida llena de cosas que se compran con dinero. Si te cuentan que haciendo tal o cual visita semanal al templo, dando algún dinerillo, o perteneciendo a cualquier cofradía que saque a pasear una imagen sufriente, doliente, muriente o resucitante tienes medio billete al paraíso. O una cumplidora conciencia. Con el debido respeto, como dicen en las películas, ni el dios de unos ni de otros necesita de nada de lo que podamos hacer para comprar su favor. Ni su amor. Tengo claro que, cuando nuestra educación está basada en los valores, la relación que tenemos con cualquiera está fundamentada en la equidad, la igualdad que todos detentamos por ser hijos, hermanos de un mismo padre. Partiendo de esa base, la sola idea de que se pueda comprar el amor de nuestro padre es una vulgar prostitución. El amor es gratuito: Esa es la más primigenia, si se pude ser más primitivo que lo que lo principia, de las características del amor. Quizá al comienzo, el amor de pareja sea una relación que se va equilibrando con gestos. Pero el amor que destila la paternidad, es incondicional, sin precios.

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