SALUD, DINERO Y AMOR

¿Qué más podemos pedir a la vida? Si le pusiéramos música, saldría una canción bastante popular. Y no lo digo porque haya una con la misma letra, sino porque el pueblo, asentiría unido a esa frase: Padres de la patria, parias de la ídem, razas y credos, concertados y públicos y amas de casa en general.

Y es asombroso cómo, en la búsqueda de la felicidad de un contrato con esas tres cláusulas, invertimos la mayoría de nuestros lustros con desigual suerte. Incluyo la suerte como factor determinante. Creo que a los tres nombres de cabecera, habría que añadir la suerte. Porque es un elemento decisivo en los tres pilares más populares de la vida. Si naces al norte del ecuador, te mueres de frío, pero vives en las más evolucionadas sociedades del planeta tierra. Qué buena suerte. Si naces en cualquier desierto, ya sabes: A pasar calor, calamidades y penurias de toda índole. Qué mala suerte.

No digamos si la pigmentación de la piel nos juega una mala pasada y nacemos fuera del color rosadito paliducho del primer mundo.

La cagaste.

Aunque igualmente evolucionado, el resto de los Homo Sapiens son iguales a los ricos, pero no es lo mismo. Aún no han encontrado una medicina para curar el mal color de los no primermundistas. Preocupaos: Con el referente de Michael Jackson nos ha quedado claro que falta mucho para exorcizar el color de la piel de las entrañas del ADN.

Pero, por favor, no nos desviemos del tema. Salud, £€uro$… y esas cosas.

Salud: Para tenerla y así poder desarrollar actividades de cara a la sociedad que están muy bien vistas: Deportes, cuerpos alucinantes y belleza de bote que te cagas: Una minoría que se dedica a dar exclusivas y a prostituirse de todas las maneras legalmente posibles para estar en el candelero. Y, de éste modo, la minoría se dedica a aparecer en todos los medios paseando palmito y recordándonos lo que no somos. ¡Qué frustración!  Gracias a esos referentes vivimos asfixiados por la búsqueda de la belleza que nunca llega. No nos importa que sean iletrados. Son bellos, como las estatuas griegas. Y con el mismo verbo.

Dinero: O Dios. El todopoderoso que nos hace capaces todo mientras se pueda comprar. De una herramienta práctica, hemos hecho una religión. De la parte, hicimos el todo. Se le ha constituido como el antónimo del ser y, así, negar toda la dimensión trascendente del hombre y condenándonos al devenir de las temporadas de El Corte Inglés.

Amor: El impulso por el cual late el corazón de la tierra. El creador de la poesía y de las gafas que cada uno usa cuando mira a la persona que ama constituyéndolo en princesas y príncipes de cuento de hadas. Un poco cursi pero como definición podría valer (o como propuesta no de ley) Pero, hoy por hoy, es sólo una palabra para fundamentar la oquedad en la que hemos convertido las relaciones entre dos personas. Si amas, cómprale; Si la amas, pégale; Si amas, conviértete en todo lo que crees que él o ella esperan de ti negando lo que eres. Así, ni serás tú, ni lo que espera el otro de ti. Vaya negocio.

Son tres herramientas de extorsión al hombre como habitante de la tierra. Atenazan a los que somos hechos a imagen y semejanza de Dios haciéndonos creer que somos cerdos, animales de mirada baja como decía un amigo; Siempre mirando al suelo y hozando sin saber que por encima de nosotros está el infinito al que estamos destinados y para lo que estamos perfectamente diseñados.

Yo le pido a la vida un camino y la verdad para vivirla sin engaños. Amor para ser como mi padre sin mentiras ni nada que emboten mi entendimiento y, de ese modo, ser todo lo que pueda y servir a todo el que pueda y en todo lo que pueda.

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