COBARDES

kristof-tiananmen-videoSixteenByNine1050La Cobardía es un valor. Como lo oyes: Lo es y está de buen año. Porque, según miras fuera de ti, ves que hay mucho cobarde, mucho pirata perpetrando la propia existencia, malgastándola como si tuvieras más posibilidades de vivir el segundo que acaba de irse para no volver. Es posible que, si miras dentro de ti, sepas porqué te es tan sencillo reconocer un cobarde. Su definición es pobre, “Falta de ánimo y valor”, pero elocuente.

Se puede ser cobarde de nacimiento o por opción. Como decía Asno en la primera película de Shrek, “el miedo es una reacción natural ante una situación desconocida”. Totalmente de acuerdo.

Pero es astuta. Se disfraza de razones para esconderse, para no mostrar su verdadero rostro. Cambia de aspecto, de nombre, de edad;

Cuando no hay valentía, el espacio vacío lo rellena su opuesto. Obvio.

Cuando se trata de un gobierno, si no sabe cómo solucionar los problemas, atacará a la oposición culpándola de todos los males que su incapacidad ha generado. O haciendo saltar por los aires la paz que haya: Una guerra trae consigo muchos males. Pero trae bienes acumulados para los que las provocan. Pueden ser guerras contra los vecinos, los aliados de estos; o civiles. Esas son malas malas porque enfrentan a gentes que han comprado el pan en la misma panadería durante años; es mejor una guerra entre hermanos que mirar la podredumbre que anida en tus entrañas.

La cobardía que te hace comprar compulsivamente para esconderte de todo tras los envoltorios y las cajas de aquello que no necesitas. Apisonar la conciencia a golpe de talonario, aumentar de peso nuestra frustración con carísimas pastillas adelgazantes, justificar tu desidia con videojuegos para tus hijos…

Pero, para terminar bien el cuento, debo decir que la cobardía empieza a marchitarse cuando, aún con dolor, miro mi adentro, acepto mi vida, y decido cambiarla. Hoy lo hago. Mañana, lo volveré a hacer.

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1 respuesta

  1. No sé si me inundas el corazón de una alegría profunda y desconocida a mis entendederas, o me entran ganas de interrumpir lo que escribes, en esta ocasión respondiendo al título de este escrito. Rehecho en mí, supuestamente sereno para saber lo que has querido decir, no puedo ocultar pensar, “Cúanto me encantaría escribir como tú”. GRACIAS, DIOS.

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