DE LAS MANOS DE ADÁN

191Intento comprenderme. Esta maldita basicidad, mierda de instinto que se superpone, apisona mi inteligencia: Esclavitud de los sentidos que me arrastra a lo más primitivo de mí.

Y me araña, me lija, me corta por dentro. Veo. Y por mis ojos entra la primigenia idea. Son las imágenes que apelan al primate que aún existe deambulando por el bulbo raquídeo.

Todo lo que se me ofrece como posibilidad y es sólo una mentira, una falacia, un insulto a la lógica. Pero que me arrastra de nuevo al error, a lo que todos desean. A donde el individuo deja de ser importante para volver a ser consumidor.

Y me pregunto si de verdad soy mi dueño. Si, en algún momento de mi existencia, fui libre. Lo fui. Breves milisegundos que me hicieron saltar desde las ramas a la tierra. Desde mis manos a las herramientas. Del miedo a la creencia, a la fe.

Quiero coexistir con el irracional que me habita. Comprender sus motores. Y saber que yo soy mucho más que el instinto. Más que la rabia que trepana la inteligencia y que me posee olvidando el valor. El supremo valor del respeto. El que le debo y él me debe. El que me arranca de las manos de Adán y me hace hijo de Dios.

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