INMIGRANTES

inmigrantesDe la nada. De ahí venimos. La nada que no nos quiso o aquella que nos deseó. Un individuo. Diez. Un pueblo. Un país. Sin posibilidad de elección vinimos a existir a esta tierra, esta tierra materna que hoy nos acoge. O nos desprecia. Todo depende de la latitud y la longitud que el azar eligió para cada uno de nosotros.

Negros, chinos, blancos o una mezcla de todos. No hace falta razón profunda. Sólo un calentón, un gesto de amor o una violación. El hecho en sí es casi irrelevante: Nacemos humanos. Pero no iguales.

Si tenemos la fortuna de nacer en el primer mundo en una familia con recursos, es muy probable que no nos vaya demasiado mal. Tendremos educación reglada, credo sociológico, sustento público en las primeras necesidades. Bien. Está bien. Si por mor de la fortuna te estrellas en el tercer puesto del mundo, estás jodido. Quizá superes los cinco años de edad, tiempo suficiente que te preparará para trabajar explotado hasta la adolescencia si no eres reclutado como niño soldado, esclava sexual o llegas a la mayoría de edad. Sin educación, sin referentes culturales, sin lugar al que pertenecer, es difícil que tu comportamiento se diferencie del de cualquier ser vivo. Animal, con el agravante de ser racional con el raciocino sin uso pues nadie te enseñó cómo.

Y hablo de África, Asia, Oriente medio, América del Sur. Todas son zonas en las que el porcentaje de población que sufre violencia de algún tipo es tan alto que desprecia la estadística de los que viven.

Hablo de desarraigados, arrancados de raíz. Es una imagen poderosa y locuaz. Los árboles arrancados de cuajo, exhiben con vergüenza sus raíces. Las fuertes. Las más débiles, quedaron bajo tierra y murieron de asfixia. A la intemperie, los primeros días el árbol está viviendo de las reservas, pero se va secando. El verde enmudece, las hojas se caen. Sólo el esqueleto para la posteridad que hará muebles, o una hoguera con sus restos.

Los pueblos, arrancados de raíz de la tierra donde nacieron, vagan por los caminos buscando un lugar donde volver a echarlas. Tienen todos los problemas posibles. No hay vuelta atrás, con la angustia que supone saber que la patria los ha vomitado. Por donde pasen, serán juzgados, evaluados, marcados como ganado inmigrante, sin identidad propia: Todos son INMIGRANTES. Unificados por una palabra que no dignifica, sino que estigmatiza. Llegas donde puedes y supones que habrá dignidad. Pero no perteneces a esa tierra. Eso hace sentir que te arrancan de nuevo de raíz.

Las poblaciones desplazadas son, en general, productos migratorios debidos a la codicia de unos pocos. No hay razones demográficas o alimentarias. Está por la primera que una guerra lo sea por la preocupación de los gobiernos por sus pueblos. Los demagogos y politichulos que desprecian la dignidad humana, creen estar por encima del bien y del mal con tal de conseguir sus miopes objetivos, diminutos orgasmos de poder que les hacen percibirse como salvadores de la patria.

No se pueden concebir soluciones si no se atacan las causas en su raíz. Los pueblos, sus habitantes, han de vivir en sus tierras y dignificar su existencia, historia y futuro labrando el porvenir y el orgullo de pertenecer a su propio terruño. Trepanarlos de su origen trae consigo traumas que no se curan bajo otros soles, plenilunios.

Por mucho que acojamos, no estamos resolviendo nada. Parchearemos lo que otros pincharon. Pondremos velas por los muertos, una esquela en un diario.

No quisiera ser yo la ganga de mi planeta. Tratado como elemento de estadística, sintecho con familia, objeto de estudio sociológico o ratón de laboratorio del impacto medioambiental de los movimientos migratorios del siglo XXI.

Yo quiero vivir dignamente.

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1 respuesta

  1. Javier dice:

    Esto tiene difícl solución hermano. Es esta una reflexión que me hago a menudo. Y las soluciones, parches como tú las llamas, pasan por entender que todos formamos parte de una misma familia. No se trata de dar lo que me sobra sino cambiar mi forma de entender la vida, la vida digna, la mía y la de todos. Un abrazo.

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