RELIGIÓN

Todos creemos. Hay quien cree que no hay nada y tiene esa certeza y otros creen que hay algo, con la misma certeza. Incluso hay gente que cree que hay alguien. En éste último grupo hay mucha gente. De hecho cada cultura pone en el cielo a quien le parece. A través del devenir del tiempo, podemos encontrar a Osiris y a Ra, si lo miramos de una forma piramidal; aunque también, si miramos de esa misma manera pero más al oeste, encontramos a Quetzalcoatl y a Huitzilopochtli. Más abajo está Viracocha. Y todos los seres fabulosos, deidades y demás familia de los restantes continentes.

Son manifiestas las ganas que tiene el ser humano de que haya nosequé-nosequién un poco más allá para que la vida del más acá tenga algo de sentido. Todas las religiones intentan, de un modo u otro, adormecer, aplastar o contestar las preguntas que nadie puede contestar porque están más allá de la muerte. De la decisión de cualquier hombre en creer en algo nace una actitud ante la vida. Si no hay nada, no pasa nada: A vivir que son dos días. Si hay alguien, ya hay gente que se dedica a explicar lo que el ser supremo quiere de sus siervos, o de sus hijos, o de sus víctimas. Esta gente está perfectamente preparada para contestar y ayudar en lo que el pueblo creyente necesite. Sólo hay que llamar al 900Dios y sin problema.
Así, habrá gente que diga a sus congéneres que hay que matar a todo el que no crea en su ser supremo porque es una herejía. También habrá doctores que dirán que no es bueno que la mujer sea una persona digna. De esta forma divinizaremos las múltiples maneras que hay de hacer que la vida de una mujer sea un infierno, practicando la ablación en todo lo que sea amputable.

No sé si pillas el trasfondo social del asunto, como diría Mafalda, pero la religión se ha transformado en un bocado en la conciencia y la conducta de los hombres creyentes. Si se les dice qué es lo que tienen que hacer no habrá sentimiento de culpa porque quien obedece no se equivoca.
Pero ahora viene lo más gracioso. Resulta que la religión es una herramienta utilísima para que la gente no se haga preguntas. Sólo tienes que hacer la receta y tu vida será la misma que quien no cree pero, cuando te mueras, irás al cielo, al Valhala, o al Olimpo. Allí será fantástico.
Pero la religión se gestó en lo profundo del corazón del creador, en mi caso lo hablaré desde una perspectiva judeocristiana, para que la gente, su pueblo, viviera dignamente en la tierra prometida. Pero la naturaleza humana es como es y ya sabes cómo terminó la faena.
El caso (a ver si termino el preámbulo) es que si lo analizas bien, es un regalo para que los hombres tengan contacto con su creador, con sus hermanos y con la realidad que lo rodea.
Dicho esto, me meto en harina:
¡Vaya mierda de religión que tiene la gente! Y la tiene porque los que sabemos de religión les hemos regalado un caballo que no tiene ni dientes que mirar: Viejo e inútil, que se come lo que le echen.
Los creyentes de a pie han creído que la religión es ir a misa, los que van, y que no tenga consecuencias. Es ir a catequesis y que en casa no se hable ni de Dios. Es vestirse de nazareno o ponerse una peineta o llevar un varal: Es hacer un contrato de compra venta en la que yo le digo a Dios lo que quiero e intento comprar su favor haciendo cualquier estupidez que no sirve para nada. Porque, ¿de qué sirve ir en Semana Santa con los pies descalzos por la calle? ¿Qué puede hacer Dios con un señor o señora resfriados y con los pies heridos porque ha ido caminando sin zapatos cuando el resto del año va calzado? ¿Qué tiene que ver la vida que tengo todos los días, con su Gran Hermano 12+1, la ruleta de la suerte y el contrato por el cual, al bautizar a mi hijo, digo que le voy a educar en los valores del Evangelio? ¿De qué sirve casarse por la iglesia si sólo voy a ella de casualidad, despotrico de los curas y de las monjas, y digo que la iglesia es de mojigatos y meapilas?
Digo yo que, si es tan inútil, dejemos a Dios tranquilo en el cielo. No le pidamos nada. No hagamos nada. Que se hunda la iglesia, el cielo y todos los que sirven en ella.
Es entonces cuando se plantea un problemilla. Si dices eso, le estás quitando la fe a la feligresía. Y digo yo que a qué fe se refiere la gente. Hay más confianza en la bruja Lola que en Dios y su mensaje de esperanza. Es más sencillo creer en lo que dicen cuatro hablarines que ser capaces de enfrentarnos a nuestros miedos y lagunas. Si nos enfrentamos a la vacuidad de nuestras creencias habremos abierto la puerta a Dios, a su misericordia y al aporte que hace, de un valor incalculable, de preguntas que ansían ser respondidas. No habría que hacer actos de fe, o intentos de compra al Juez eterno. (Haciendo eso le convertimos en prevaricador y eso está muy mal). Si cometemos errores, asumamos nuestra responsabilidad. De ese modo seremos más hombres y menos niños, asustados y avergonzados que se cubren con hojas de parra y echan la culpa a la mujer (como no).

En fin: Que le voy a quitar la fe a alguien… ¡¡Que estupidez!! No se puede quitar nada que no se tenga. Si la gente tiene ese pastiche de creencias es porque hemos vendido un Dios de feria y una palabra de Dios de un todo a cien.
No quisiera parecer falto de esperanza, pero parece que alguien quiere que la verdad viva en un limbo: Un ni contigo ni sin ti que hace que la vida de los hombres carezca de sentido y el valor inherente que tiene. Ni dentro ni fuera. Consumirlo todo para luego vomitar el hastío de no tener nada en el estómago ni el corazón.

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