ROTTENLAND

fondobook_hd169-8En la jungla, proscritos tras los armarios, escondidos. Todas las catacumbas que la mitología describe con nebulosa nitidez para avalar una lucha que se gestó en la pureza de la búsqueda de la libertad. Apelamos a los tiempos de la prohibición, donde un pensamiento único apisonaba la existencia y la razón; donde el control de la información era la garantía de la felicidad ignorante del pueblo: Otro despotismo ilustrado, pero sin mucha cultura; Se abre la compuerta de la revolución. Se mueren los caudillos acartonados, los líderes que caminaron por la madre de las sierras abanderando la lucha de clases… Tantos ejemplos que nos hablan de que la semilla de la revolución está implantada en el genoma humano. Tan humano como el sentido de justicia, a la que apelan constantemente los adolescentes con su maniquea percepción de los actos, es la capacidad de corrupción. No hay mucho más que decir: Todo sistema político, alternante o derrocante, nace con el virus de la desmemoria y del Alzheimer ideológico. Sólo el poder permanece. Le da igual el color de los señores que ocupen los escaños. Me atrevo, por último, a proponer que no sean los partidos ni los políticos de nuevo cuño los que ilusionen de una manera nueva a los pueblos, las naciones: Que sea el Evangelio el que marque las pautas de acción. Que quienes se desvíen del camino sean reprendidos por la propia comunidad desde la fraternidad que implica un solo corazón, una sola fe, un solo bautismo. Nunca se ha visto. Todavía. Es el momento. Hoy. Tú. (Rottenland: Pais podrido)

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