MUERETE

muerete¿Dónde lo habré puesto? Lo tenía en la mano y no lo encuentro ahora. Mmmmm… Ya. Luces. Cámara. Acción.

Monísima. Iba preciosa. Con las amigas, caminando por la calle llevando la vida por montera. La poca vida que tenía pero que creía que me permitía ser la reina del baile. Soñando con príncipes y fiestas; queriendo comprobar por mí misma que todo sería según lo había visto en la web de tendencias en la que me asesoro.

Y apareció. No iba montado en brioso corcel, pero a veces llevaba una bicicleta, otras con un monopatín. Divino. Con su ideograma chino tatuado tras la oreja derecha, su rapado perfecto y esa mata de pelo. Todo a juego.

No me lo podía creer: Me miró con “tumbao”, ese flow… Un poco de tonteo, días de juego. Y empezó la fiesta. Besos, cariños, paseos. Y un calentón y dos. Que vemos un partido de fútbol, vamos con su familia; se tiene que ir a trabajar a Madrid y me dice que me quiere con un móvil nuevo para mí. Locaaaaaa, me tiene lo-ca.

Pues eso. Algún cabreo. Vacío a mis amigas y acompañados por sus colegas. Me incomoda, pero estoy bien.
Y vivimos juntos después de algunos altibajos, pues son cosas que pasan y que no ocurren cuando compartes techo.
Y sábanas. Pero tú a lo tuyo y yo a lo mío. Y se construye una vida paralela con ciertos cruces que nos recuerdan días más felices.

Pero me doy cuenta que no entiendo los ideogramas chinos, no me gustan los chistes que cuentan sus amigos, mis amigas ya no están. Ahora me siento culpable porque quiero estar sola. Estoy mejor sin él. Y me cansan sus respuestas: Las mismas de siempre. Y me asquea que me toque cuando dice mi nombre en un tono que no se corresponde con su cara, su gesto.

Y llegaron los gritos. Y todas las cosas desagradables que pueden llegar a salir de alguien que está harta, hartita de su flow y su tumbao. Y pienso ¡¡¡Muérete!!!

Así, la historia de príncipes y princesas de todo a un euro, se reproduce casi calcado en muchos, en muchos…
Pero es mejor amar un año que no haber amado nunca. Pero, si eso es amor, que venga Dios y lo vea.
…generación que llevan en la piel el hierro del vacío.

Joyas de tómbola, zapatos de plástico, trajes de licra estampados de leopardo; pendientes, dilataciones, septum, tatuajes. Toda la parafernalia que quiere darte valor cubriéndote de cosas por fuera y vaciándote de lo que te construye por dentro.

Una vida. Tragando reglas no escritas que despellejan la dignidad tan fino que no te das cuenta de que los huesos se ven. Los músculos al aire moviendo cada articulación. Desnudos de la esperanza que no se tatúa. Encadenados a la regla más antigua: Si no te amas a ti mismo, no amas a nadie.

That’s all folks!!!!

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