LO QUE SE SIEMBRA

Masada Baja. Galera. 2010. Alfambra (2)Para todo hay un control de calidad. Es lo menos que esperas para cualquier producto por el que pagas. Y no se hace una vez. Desde el punto de producción hasta el de venta, se controla todo para que se conserven las características que hacen de ese producto, algo único y digno de confianza.

Y yo me pregunto cuál es el control de calidad que pasamos los cristianitos de a pie. No es rizar el rizo. Es que creo que hay que ponerse un poquito serios con este asunto. Comenzaré con los que, de una inespecífica manera, consumen productos católicos sin que haya ninguna trascendencia a nivel vital: Sólo como cuando toca. Soy de la molesta opinión de que el fútbol tiene una incidencia mucho mayor en la conciencia social y trascendencia sociológica de la que tiene nuestra religión que, por definición, ha de vertebrar nuestros valores y, por ende, nuestro modo de vida.

Y con el fútbol hemos topado, ya lo se. Los hay que me dicen que hay que tener válvulas de escape, que cumple su función de descompresión de la primitiva impronta de todo hombre a buscar un alter ego con quien medir fuerzas. Ya no puedes ir, tradicional imagen, como un troglodita con su cachiporra golpeando a los más débiles para demostrar tu hegemonía territorial. Ahora, si gana tu equipo, pisoteas al rival. Y al revés.

Hablemos pues de religión y religiosos. Tanto en órdenes como en diócesis, los fijos de la empresa, pasan por un adiestramiento dirigido a la mejor consecución de sus funciones. Los frutos de su trabajo han de ser del Espíritu.

Tenemos que contar que la laicidad de nuestra sociedad. Esta contraria situación complica notablemente la labor del ministro. Pero no se puede culpar exclusivamente a la coyuntura de la falta de Dios en medio de nuestra sociedad. Los creyentes, sus familias, los ministros, sus parroquias, las órdenes y sus funciones somos poco creíbles cuando no somos signo de Esperanza en medio del mundo.

Lo que se siembra, es lo que se recoge.

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