¿EN NOMBRE DE QUÉ, DE QUIÉN?

NapalmQue nadie se llame a engaño. Ninguna causa, por justa que sea, vale tanto como una vida humana. Dicho esto, voy a fusilar a unos millones de neuronas y voy a pensar con el cerebro reptiliano, para no emplearme mucho. Un presunto suicida, en nombre de un modo de vida, se inmola para conseguir tres cosas: Acojonar al pueblo víctima de su insensatez, esparcir sus tripas por la calle en nombre de una deidad y ser un mártir para los que lo han enviado a sembrar el terror. ¿Qué se puede esperar de una forma de pensamiento que siembra el miedo para instaurar un modo mejor de vida? Creo que ambas cosas son incompatibles. Eso, por un lado; por el otro, tenemos la violencia brutal de los que vivimos al otro lado del río, los que vivimos en paz mirando por la tele como en Oriente Medio hay masacres como la de hoy, y mayores, y pasamos al postre comprando en la teletienda una mesita para tomar el te sentados en el sofá. Más aún: El búnker en el que vivimos está resquebrajado y el dinero no para a los muertos de hambre, verdaderos Deadwlakers, que inundan las fronteras e insultan nuestra neurona satisfecha. A todos los republicanos, demócratas, liberales y tories, morados, azules, rojos y naranjas. Nada de lo que está ocurriendo es causa: Es consecuencia de la burbuja vital que, como la inmobiliaria, no ha tenido en cuenta el factor humano. En las familias hay sanos y enfermos. Los unos cuidan de los otros y mantienen una comunicación no exenta de problemas pero plena de intenciones que busquen una vida digna para todos.

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