DON EMILIO

amor-literatura-foto-abelrojasComo en las películas cuando comienzas a recordar. Empañado, desdibujado, en blanco y negro. Como un retrato decimonónico, aparece Don Emilio en mi memoria y me hace sonreír. Nunca tuve ninguna conversación con él. Entraba en clase y nos ponía a intentar desentrañar un poema de Góngora, culterano hasta la angustia, para demostrarnos que no teníamos ni idea: Que la imagen descrita era una cacería…

O cuando nos dibujaba cuánto puede aguzar la creatividad el hambre y hacer pasar las obras en horas veinticuatro de las musas al teatro. No hablaba de calidad: Nos contaba que todas las obras de Lope de Vega no cabrían en un estante que cubriera toda la pared de la clase: Doce mil (algunas se perdieron) Los histriones gozaban con su prosa y su verso…

Los realistas y su desprecio a la corriente anterior, los románticos y sus “miasmas nefríticas”. Un gozo inefable. Un hilo de Ariadna que me conecta con sus clases, su porte gracioso y su bigote.

Y una voz que no pasará a la historia como la más radiofónica, pero que comunicaba con fuerza la vida que cobraban las palabras y obras, versos y tragedias, de los autores: Vidas y milagros que trascendieron sus muertes para ser palabras de todos.

Gracias Don Emilio. Usted, hoy, me ha vuelto a dar una lección. La Literatura es una losa para quien la vive como tal. Pero, cuando la musa se apodera del alma y todos los autores se encarnan en una voz de hoy, es un latido profundo y vital que inunda de imágenes, con prosa y verso, nuestras mentes y nuestro desértico presente.

Como en la película, me subo a mi mesa, y en mi recuerdo le digo: ¡Oh capitán, mi capitán!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *