GRAVITACIONAL

480Elíptico. La órbita de mi existencia gira sobre sí misma cuando no te sabía, desplazándome en una eterna elipse que me hacía creer que viajaba hacia un desconocido futuro. Enroscado, como la caracola del Nautilus, parecía ir de dentro hacia afuera cuando crecía y de fuera hacia adentro cuando sobrevivía. En la fría noche, todos los astros danzaban esperaban la aparición de la luna que, a veces era plena, luna llena inundando de luz los campos de asteroides y de trigo, bañando las cañas del maíz a punto de alumbrar la piña; o nueva: Negra como el futuro sin luz, pero preñada. Y mi camino era asimétrico. Unas veces tan cerca que casi chocaba y otras, equinoccial, lejano, oteando el horizonte venidero. Y en todas, la gravedad que quería, me uniera a ti en universal abrazo. Centrífuga, la vida me quería arrancar de tu vera. Y el equilibrio inestable, imprudente, jugaba con nosotros. Inevitable. Sin querer evitarlo. La aceleración de la gravedad nos une.

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