INTELIGENCIA DIMINUTA

ARCHI_69879Después de dos elecciones, estamos asistiendo a un esperpento político; por un lado, están los unos, los que han ganado las elecciones y, por el otro, el resto de la peña. Ganadores y perdedores se sienten licitados a mantener posturas que huelen regular. Me explico: Cuestionar la figura del cabeza de lista de los ganadores es sugerir que no es un hombre totalmente de fiar. Eso ocurre porque tienen a demasiada gente en procesos judiciales. Cuando menos es un buen argumento para entonar un mea culpa, hacer propósito de enmienda y, como expiación de los pecados, quitarse de en medio y proponer alguien que verdaderamente esté limpio de polvo, paja y corrupción. Pero eso sería ser políticamente débil y no puede ocurrir. El líder se salva por la campana en el seno del partido y queda regular frente a la opinión pública pues ha ganado las elecciones, pero no cuenta con la mayoría de la confianza del pueblo al que quiere gobernar. Están los otros, los que han perdido mucha más confianza que los primeros y que se niegan a apoyar en modo alguno a los vencedores de las elecciones. Convertido en un conglomerado de reinos Taifas, las luchas intestinas se van aclarando. Pero el líder no cederá pues es un jefe débil que sabe que trabajar para que haya un gobierno en minoría lo descalifica automáticamente para seguir liderando el partido. Y eso no lo puede tolerar porque quiere seguir enganchado a la teta del poder y la erótica del liderazgo. Y están los nacionalistas, que quieren arrancar a dentelladas prebendas para sus diminutos estados a base de acostarse con cualquiera que se lo garantice. Lo lamento, pero así es. Saben que son minoría y harán lo posible para conseguir lo que sea mejor para ellos, aun cuando no sea lo mejor para todos. La cuestión es que son, en el juego político, esenciales. Y los de la nueva. Cada vez se parecen más a lo que deploran. Bajo el ruido de los comunicados en redes sociales, postureo vario y algún guiño a los inmediatamente anteriores, malversan la inocencia de los que creían que podrían trasladar la esperanza de una democracia directa en baile de putas y multicefalia ideológica abocada a la aberración y la guerra civil. Azules, rojos, morados, naranjas y toda la pléyade de intereses diminutos hacen juego. Lo que me da la sensación es que es mucho mejor que muera el pueblo que no uno sólo de los líderes, pues no hablamos de ideologías: Estamos asistiendo a la barbarie de preservar un modo de hacer las cosas, sin comentario, que a la posibilidad de que se establezca una política capaz de pasar de la mayoría absoluta, palo largo y mano dura imponiendo el pensamiento único, a la de gobernar en minoría, donde todos y cada uno de los títeres de ésta broma, sean capaces de dialogar descaradamente, sin amagos, a favor del interés de todos y cada uno de los habitantes de éste país.

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