DEVALUAR

complejo de inferioridadMe encanta. Me mola mucho ver cómo otros actúan. Me gusta ver. Pero me gusta mucho más ver cómo caen derrotados. Sus caras de sufrimiento, su profunda decepción. ¡Ay! Qué penita que me dan.

Pero están los que triunfan. Esos, debo reconocerlo, me tocan mucho más las narices pues es algo que no soporto. No lo soportoooooooo. Con esos dos brazos, esas piernas; esas piernas con las que caminan, con sus piececitos tan así…

Diferentes a mí, parecen más dotados para la consecución del éxito. Esos ojos verdes inyectados en clorofila que expelen naturalidad. O negros, azabache profundo, negro escarabajo susurrando misterios; grises, sugiriendo una tristeza plomiza o un encubierto secreto: Da igual el color de sus ojos. Si fueran rosa chicle, me jodería que me hablaran de fresas o enormes globos.

Sigo. Labios, finos o gruesos; pómulos inexistentes o maravillosos; músculos para mí desconocidos o perdidos en combate; pechos como el K2 o como la fosa de las Marianas, turbadoras posaderas o prolongación de la espalda: Da igual. Todo me sirve para entrar en comparación a la baja. Devaluando mi ser y condurando mi desprecio a mí mismo: Así justifico mi inacción ante la vida, la falta de interés. Mi tortícolis, la que mira al pasado como tiempo que fue mejor, aunque sea mentira.

Que yo. Más listos, más altos, más jóvenes, más viejos, más vivos, más muertos.

¡Qué pena me doy! La promesa de futuro, de esperanza que represento se torna en Boletín Oficial del Estado de malas noticias, del desaliento.

¡Qué pena la pieza del puzzle que cree que no encaja porque no lo intenta! Fuera del tablero estará sola y el conjunto quedará incompleto.

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