FIGURANTES

ALEPOY miramos a los muertos con este desdén propio del que se siente seguro en su búnker. Fotos en blanco y negro de soldados en plena caída mientras entregan la vida al creador; fosas comunes donde se mezclan huesos, ropa, maletas y algún juguete infantil, que lo dota de una, si cabe, más trágica desazón. Y la bomba sigue explotando… Y la colina que huele a victoria en Vietnam gracias al Napalm, barriles explosivos fotografiados en el aire antes de repartir su vientre lleno de bilis y tornillería oxidada. Uranio enriquecido o empobrecido: El primero para disuadir. El segundo para hacer el mayor daño posible. Perlas para la familia lejana a la que no conozco y que luego veo en las morgues atestadas, desordenadas, sucias. . El llanto de las madres suena como el zumbido de la carta de ajuste franquista tras el himno nacional. Los niños son sólo fotos que intentan sensibilizar nuestro hipertrofiado corazón con escaso éxito. La onda expansiva ensordece los oídos de quienes malviven entre las ruinas de Alepo. Y la bomba sigue explotando… Sólo reacciono cuando a mi sangre le llama la propia, cuando mi dolor es patente, la bomba explota en mi cara. La metralla me arranca los brazos, el ruido enmudece mi grito, el fuego abrasa mi piel. Jirones de ella sobre la tierra, la cara empolvada de suelo. ¡Ojalá la última víctima conocida, sea punto y final a este culebrón infinito, de argumento manido, malos guionistas, pésimos actores y figurantes, tantos figurantes, sólo son figurantes, sin esperanza!

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