PAVLOV

Perro (1)Tras la enésima patada de nuestros simpáticos inoperantes, como diría Mafalda, a la dignidad del pueblo soberano (¡¡¡y una mierda!!!), me vuelve a hervir la sangre. Ya está esterilizada de ideología, sólo le queda fluir. Y contemplar.

Hay cosas que son inevitables, como los terremotos en Italia. Pero sí se pueden evitar las consecuencias. Me cuentan por otras vías que las reparaciones resistentes a sismos que se hicieron tras el terremoto de L’Aquila, sólo fueron maquillaje. Como siempre, el clientelismo fue quien ganó. La próxima desgracia sísmica será culpa de los osos polares, odiosos osos polares, que tanto influyen en la Tectónica Global.

Y escuchan nuestros políticos que hay que hacer esfuerzos. Pero sólo los hacen la gente que los elige con la ilusión de que pondrán todo de su parte. Pero no es así. Ellos sólo ven sillones, perspectivas de vivir del cuento a medio plazo y cuotas de poder a las que se accede por las puertas giratorias de la desvergüenza y el oprobio.

Y no me olvido de que somos un país privilegiado. Aquí tenemos Seguridad Social. Hay mucha gente que nunca sabrá qué significa pedir cita o ser atendido en un centro de salud. Todo eso es ciencia ficción.

Y no me alagaré más. El perro de Pavlov babeaba ante el estímulo al que repetidamente se le sometía. Nuestros políticos derraman babas por tener un padrino que les garantice que, sin dar palo al agua, tengan sobrados recursos. Ante el estímulo del poder, la escalinata del congreso de los diputados resbala: La puerta de la Moncloa, una charca.

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