DE LUZ.

5195038w-672xxx80Un día se levantó muy descansadito. Maykel O’jara había dormido del tirón. ¡Qué bien me ha sentado el descanso! Y tuvo el irrefrenable deseo de compartir tan buen rollito con toda la humanidad. (se me olvidaba: hace un par de semanas estaba abúlico, abstraído, mimético. No tenía ganas de hacer nada. Y compartió su estado de ánimo. Pero no queda ahí la cosa: La prima de una hermana de la vecina del cuarto le oyó gritar contra los grrftx&% gatos que maullaban por el celo propio del tiempo hormonal…) No me desvío del tema… …buen rollito con toda la humanidad… Y salió con deseos de abrazar a la gente, pues se sentía con ganas de hacer sentir al otro lo mismo que él, con una presión barométrica de 1027 milibares, 23 grados centígrados y una aceleración gravitatoria constante de 9,8m/s2… Y dijo: “Quiero dar abrazos de luz” ¿De qué quieres qué?, le comentó un señor que tenía una escayola en la mano derecha por culpa de un esguince al estar trabajando doce horas sin contrato en una obra y sin arneses ni ná. ¡¡¡¡De luz!!!! Exclamó ilusionado. Y fue entonces cuando un graduado en físicas y con tres idiomas acreditados en paro, que servía comidas como voluntario en un comedor social de la parroquia, le dijo: – “Creo que lo que quieres decir es que les vas a dar de comer a la gente que hace cola en el comedor bocadillos de nube, un plato de garbanzos llenos de estrellas felices y una fruta fresca recogida del huertito de la esperanza, ¿no es así? Maykel se sintió superidentificado con la afirmación de tan preparado servidor de la comunidad. “Pues eso es lo que yo quiero” Pero un inmigrante con cortes en las manos, gracias concertinas, le dijo que él también quería eso. Pero que no se puede querer y no querer al mismo tiempo. Que el compromiso con cada uno de los que te rodean, gatos, viandantes, farolas y caracoles descapotables, depende de una decisión que hay que renovar todos los días, como los contratos basura por horas. Y un negro que llevaba siete años pidiendo en la puerta de un supermercado por caridad, miraba despectivamente la escena… La diferencia de nuestro Dios, LA DIFERENCIA, es que la luz que desprende es la que nace de una muerte en la que no hubo un solo hueso, músculo o nervio que no fuera flagelado y roto, como metáfora de todos los dolores de los hijos de Eva pasados, presentes y futuros: La luz, el abrazo de luz que Jesús nos da todos los días, nace de su resurrección. Comparte cada segundo de la existencia y nos dice: No temáis. Soy Yo.

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