PREPARADOS.

053-ready-steady-goAyer estuve en el cine viendo una película sobre valores y educación. En ella se relata cómo unos padres se empeñan en dar una educación renacentista a los hijos fuera del sistema reglado. Creo que era un muy buen cuento para poner sobre la palestra algunas preguntas que conviene tener muy presentes a la hora de educar.

Si en el mundo real, los valores se tienen como animales en vías de extinción, bichos que hay que proteger y que están condenados a la desaparición sí o sí, ¿tenemos los padres que exigir una educación a la altura de las circunstancias o aguamos el vino? ¿Se tienen que adaptar nuestras expectativas a la cotización a la baja en los estándares de calidad educativos o tenemos que exigir una auténtica educación, que construya la sociedad del conocimiento, del compromiso y la trascendencia? Eso, inexorablemente, nos toca a los padres de lleno. Pues nosotros jugabamos en un campo bien distinto al que juegan nuestros herederos.

Una pregunta: ¿Condenamos a nuestros hijos a la medianía del pensamiento único o nos arriesgamos a dar una educación que potencie la excepcionalidad de cada ser humano, la indescriptible maravilla de la propia identidad? Si nosotros claudicamos, ¿qué posibilidades tendrán ellos?

En nuestra memoria aún resuenan los tambores de la ética y la moral trasnochada de la educación preconstitucional y postfranquista, que nos enseñó que el diálogo podía transformar las dos Españas a través de pactos. Esa es la teoría.

Pero parece que se impuso el criterio de que “mi hijo ha de tener lo que yo no tuve”, olvidando la lección de que, lo que no se vive, no se transmite. Y nuestros hijos y nietos tienen lo que no tuvimos, pero no tienen nada más; así, son barcos de papel en medio de la tormenta que les condena a tener, por encima de todo, para ser.

Poco más que decir: Una sociedad basada en la ausencia de los pilares que cimentan el diálogo y el respeto en favor de intereses a corto plazo es un castillo de naipes sobre un charco.

No hay lugar para el vacío en el corazón del hombre, pues siempre está preparado para llenarse. Ojalá sea de lo que haga feliz a cada hijo de Eva.

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1 respuesta

  1. Benito dice:

    Estamos tan preocupados en dar a nuestros hijos lo que no tuvimos que olvidamos darles lo que si tuvimos.

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