PIENSAME

cometa-ison-07112013-ind-wpCaminaba. De pronto, paré: Quieto. Eso tan raro que te hace estar en un lugar más tiempo del que te permites, te permiten. Y escuché los ruidos que asfixiaban mis oídos; noté el humo que entraba por mi nariz: Me supo a Asbesto y a muerte: Asfixia afilada en mis pulmones, que se contrajeron por mi consciencia. No suelen darse cuenta de esos detalles. Su color va cambiando con la polución distinta de cada ciudad. Ya no hacen distingos, ni creen en la vida después de la Navidad.

Mirando la tele, le quité el sonido y me di cuenta de que mi hijo me hablaba de algo que no entendía. Mis ojos seguían mirando. Miraban y robaban la atención debida, la teórica atención que siempre quise prestar a cada sonido de mi niña y mi niño. Y apagué la tele. Un cúmulo de información importantísima llenó mi cabeza. Y me di cuenta de que todo cambiaba. Había cambiado.

Luchando por instalar nuestras normas, mi niña quería pintarse las uñas, hecho de importancia capital para ella. Desordenada y caótica la habitación gritaba desde hacía días que quería paz y sosiego; la mesa, abigarrada, casi cedía al peso de todo lo que no estaba en su sitio. Pero es su lugar, su espacio; tengo que aprender a vivir con una adolescente en construcción.

Y tras el trabajo, los compañeros, los padres apareces tú; te has cortado el pelo: Y menos mal que me he dado cuenta. A veces creo que eres como Venus, brillante todas las noches. Y sí. Creo que eres un cometa errante, frío, luminoso y portador de misterios y vidas extraterrestres que me abrazan: Susurras. Y el eclipse de tu ausencia se vuelve tormenta solar, luna llena.

Fue un día. Y es hoy. Hace tanto tiempo que hoy es nuevo cada día.

Piénsame. Correré a seguir tu sombra, tomar tu mano. Escuchar tu voz.

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