OMBLIGO

mirarseombligoYo creo que la acción de la serpiente en el Jardín del Edén fue dotar a sus moradores de ombligo. Según el relato del Génesis, fueron hechos de barro, sin gestación; Bueno: Nacieron de la tierra formada los días previos a su creación, que no fue otra cosa que un gesto de amor tras otro preparando el camino a sus hijos: Imagen y semejanza suyos. Mientras no lo tuvieron, vivieron en armonía; pero, en el momento en el que se instaló el lugar donde el ensimismamiento tiene su altar, se jodió el patatal.

Y parece que el origen de todo conflicto nace de la descerebrada adoración que profesamos a nuestro ombligo:

-Blanco, negro, amarillo o rojo
-Judío, mormón, animista, católico, musulmán, budista.
-Mujer, hombre o cualquier variación que sea aceptada sobre la base.

Hacemos de un hecho coyuntural, un dogma vital. Y el único, a mi entender, es que somos humanos. Toda circunstancia que me separe de cualquiera, cualquiera, cualquiera, cualquiera. ¿He dicho cualquiera? De mis hermanos, es una mirada focalizada en mi propio ombligo.

Mientras miro hacia abajo, no veo lo que ocurre a mi alrededor. Mi pupila reduce la entrada de luz para enfocar más eficientemente, impidiendo una mirada más amplia.

Desde el problema más insignificante hasta la crisis global más incidente en la población planetaria, todo es una extrapolación de mi ombligo.

Defender mi opinión contra la de mi compañero, país limítrofe, antagonista religioso o ideológico con sesgado criterio para provocar un incendio que nos devora por dentro.

Soy capaz de levantar la cabeza, darme cuenta de la realidad circundante: Empatizar y amar al otro como quiero ser amado. Y ya está.

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