PREJUICIO

costumbre-derecho-constitucionalTodos hermanos. Esa es la consigna. En el grupo de personas que quieren dejarse la piel por el Evangelio, es la directriz reina del Mambo. Formulada en atmósfera protectora, o en la cima del monte Horeb con las tablas de la Ley, es la norma.

Pero no hay presencia constante ante el que todo lo puede: En unas condiciones óptimas…

Vivo en constante cambio. Las variables mutan con tanta rapidez que es insoportable mantener el norte, evitar la tormenta…

Y hablaré de un Titán, un dios antiguo previo al monoteísmo en que decidí creer; ese que, cuando las fuerzas fallan, se hace fuerte y debilita mi credo, resquebraja mi confianza: Es el Prejuicio.

Se adueña de mí cada vez que me enfrenta a una situación injusta validada por el derecho consuetudinario, ley empírica fundamentada en la costumbre. Costumbres basadas en el medio en el que se desarrollan; legislación ancestral admitida sin filtros, pues su valor es su remoto origen. Paleoleyes que sustentan situaciones, en muchos casos, injustas y de las que sólo se conocen la formulación y no su origen.

Hay muchos casos de prejuicios: Por raza, credo, posición social.

Sólo puedo hablar de las mías, pues sería injusto hablar de alguien que no sea yo. Me siento amenazado, injustamente tratado por aquellos que percibo como sometibles a cuarentena…

Pero hoy, sabiéndome preso de ésta cárcel ideológica, quiero ponerme en la piel del prejuzgado. Y, ¡oh, sorpresa! Siente el mismo miedo que yo.

Y, por un segundo, me ha hermanado el miedo. Y, otro después, le sentí igual que yo.

Y ahí abracé la esperanza.

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