LA PAZ ES LA GUERRA DEL GUERRERO

open-doorEscuché no hace mucho un comentario: “Hace tiempo, en nuestra institución, teníamos más de cien chavales. Hoy, apenas contamos con cuatro”. Se refería a una fundación de las que se dedican a cuidar a chicos con riesgo de exclusión. Tienen recursos económicos, edificio adaptado, pero no tienen quien haga uso; y disfrute de las excelencias de un lugar que no es su casa, donde comen, duermen y comparten experiencias con otros que no pueden vivir con sus familias.

Quien hacía el comentario, lo hacía apenado. Ya no podía desarrollar la labor tal y como se conceptuaba pues, ya no había suficientes usuarios (terrible palabra, por cierto)

Es verdad. Es mucho mejor que haya chavales que pueblen nuestra institución, y den sentido a nuestra existencia y labor, que desaparezca la función pues ya no hay necesidad de ella.

Pensaré en escrito alto: Las instituciones nacen como consecuencia de una inmoralidad, una injusticia: Las familias no pueden criar a sus hijos al no tener medios. No entraré en porqué. Si, hoy por hoy, pueden, ¿no es mejor para sus hijos? Quizá el amor de los funcionarios que trabajen allí sea de mejor calidad, pero, ¿no está el árbol mejor en la tierra donde nace, se cría?

¿Somos lo que hacemos? Si no hacemos, ¿no somos?

“El verdugo, se enjugaba las lágrimas con el pasamontañas; habían derogado la pena de muerte”

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