¿FUE SOLUCIÓN ALGUNA VEZ?

mun%cc%83eca-rotaCiegos de ira. Olisqueando el aire barruntando tragedia. Se miraban a los ojos y se enseñaban los dientes: Como perros de presa preparados para matar. La guerra los cegó. Había razones para la barbarie. Creían que la mejor solución era destruir, matar; arrasar campos, minar los caminos. Decorar con sesos las aceras con francotirador estilo. Hacedores de viudas, de huérfanos. Los estallidos de las bombas iluminaban las fantasmagóricas aulas, ahora vacías de alumnos, pero llenas de terror. Quirúrgicamente, amputaron la capacidad de enseñar, pues es más fuerte el miedo en quien no tiene conocimientos: Es más sencillo subyugar a los que ya hemos aplastado sin la posibilidad de aprender, compartir y discutir sin destrozarse. No hay parques. El único verde es el del agua que hay en las fosas creadas tras la explosión de cualquier hijo de la hija de Nobel. Antes el odio. Ahora la destrucción. Y, tras el armisticio, la revancha. Cientos de miles no volverán, pues son los vencidos. Sin patria ni casa. Sin cielo: Sólo el infierno de estar a merced de la bondad, supuesta humanidad, de quienes los acogerán en campos de refugiados. Vencidos. Los ganadores impondrán sus reglas, construirán sus monumentos y borrarán todo vestigio de lo anterior. La corrupción campeará por la ciudad arruinada como lo hacen los gusanos en los cadáveres insepultos. Habrán vencido en todos los campos de batalla. A los niños no volverá la inocencia ni los años perdidos. Adultos que no cantarán sus canciones pues serán perseguidos por ello. No habrá flores en la sepultura de los antepasados. Ni cuentos a la orilla del río. Me horroriza pensar que aún se conciba la guerra como solución a ningún problema.

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