SONIDO

Wave

Desde el principio del tiempo. En el preciso instante en el que me supe vagando por el amniótico universo, me acompañaba. Oscuridad. Cerrados los ojos, floto; y escucho.

Sin hacer esfuerzos. Al igual que mi acuático receptáculo me envuelve y protege, escucho. Y siento con todo mi cuerpo la vibración de un rítmico sonido. De una música telúrica que se comunica como onda sísmica en el profundo océano.

De lejos, vienen de lejos, palabras que no significan nada. Con el tiempo los nombro ruidos. Arañan mi paz. Violentan el curso de la marea.

Un sonido. Una palabra que, rítmicamente, me acuna. Su grave voz me acompaña: A veces lenta, a veces rápida; omnipresente. Aunando su ritmo con el mío.

Que en el parto serán dos para siempre. Pero será el sonido de su voz, atenuada por su vientre, la que en el frío invierno del nacimiento hizo que el llanto se tornara calma. En su pecho, escuché la canción que acompañó toda mi existencia. Y será la banda sonora del amor. Queda, dentro de mí, la grabación de su canción: Su partitura está escrita en mi corazón.

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