PROFESORES

Como barcos carboneros, de esos que van hasta las trancas y cargan cienecientosmil toneladas; hasta el tapón de información. Los hay también como Calypso, famoso barco oceanográfico de la época pre y postconstitucional; alimentando la curiosidad. Y, cómo no decirlo, los hay que lo son porque no tenían más remedio. Pueda coincidir con los dos anteriores: Si. Pero son hijos de la ciencia, del amor y la luna que, llena de blanca o de negra luz, nacieron para enseñar. Y enseñaban con palabras. Enseñan con palabras que, como cargas de profundidad, como petazetas en la boca, explotan en la mente y en el corazón de los formandos. Ahí nacen las llaves de las puertas que aún no se han abierto: Del conocimiento antiguo que, como la cola de un perro chico, se mueve nervioso ante la perspectiva de ser descubierto, desarrollado y preñarse de nuevas preguntas… Y bailaban con la educación: Agarrados a su cintura su contoneo, serio al principio y salsón después, susurraba pasiones y nombres: Lugares y hechos que no fueron cadáveres en la cuneta: Alumbraron nuevos caminos. Bucearon, excavaron y tocaron los tesoros antiguos de la curiosidad pretérita. Y enamoraron a los niños con desconocidos poemas, canciones arcanas que sonaron a juegos de calle, a parchís en el parque. Maestros. Matilde, José María, Rafael… Tantos que se me olvidan los que sólo se ganaron el jornal recitando las tablas de multiplicar… Gracias a todos. La mítica Atlántida, está llena de vosotros. Y mi vida también.

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