CUATRO ESQUINITAS

Esta irregularidad. Este error de programación, aberración visual que vivimos. La polarización que nos hace buenos o malos según convenga al gran hermano, estúpido y ciego, como su ombligo. Me toca las narices no poder vivir espontáneamente. Y, como siempre, tengo que explicar mis palabras como mis actos, pues pueden ser malinterpretadas por la neutralidad mediocre que rige nuestro código de valores, nuestra ley rectora. Si ves alguien con pasamontañas, no tiene frío: Tiene algo que esconder. Peor aún: Es un posible terrorista uzbeko o de cualquier república que termine en -istán con ganas de reventarse el abdomen con las adherencias de C4 que lleva en las lorzas. Si, por otro lado, lleva una bandera de España, es un facha de mierda que quiere anular la identidad histórica de cualquier región pegada al Bierzo, Bierzo libre o república independiente del Bierzo, o de otras regiones reprimidas y oprimidas por esa detestable enseña del odio. Y no hablemos de cuando estás con niños. Ahora, por su bien, todos los que tengan relación de cualquier tipo con niños, ha de sacarse un certificado de penales, pues es un sospechoso de pedofilia. Digo pedofilia que no pederastia, porque suena peor una palabra que empieza por Pedo. Bueno. Hoy he estado en un acto del colegio y no deja de asombrarme la dulzura de la mirada inocente de los niños. Aún no están tan desesperados como para fajarse un cinturón explosivo ni una bandera que pueda reprimir a otros niños. Sólo tienen la limpieza y la confianza suficiente para contestarte con un sí o un no y ser suficiente: Para compartir un plato de gominolas o reírse a carcajadas escondidos tras la pierna de su padre, lugar de máximo refugio. Es una bendición poder entrar en contacto con la divina inocencia, la dulzura celeste de quien aún no tiene retranca. Del que duerme con cuatro angelitos que le acompañan.

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