HEDOR

Según las estadísticas oficiales, la Corrupción es actualmente el problema que más preocupa a los españoles. Y hoy voy a pensar un poquito en ello. Siempre he asociado corrupción a muerto. Vale: Tomaré ese camino. Un muerto, por definición, es algo que no tiene vida. Se estrecha el sendero. Siendo que es algo que no se puede asociar como cualidad a lo vivo, convendremos que todo aquel que ostenta el carácter de corrupto, no está vivo: Está muerto. Un individuo que abandera con sus actos dicha condición, es alguien que, como cadáver viviente (¡qué actual!), tiende a la pérdida gradual de todas aquellas características que lo hacían igual a sus semejantes: Cada vez más lejos de lo que le humaniza, se bestializa. La conclusión del discurso lógico es simple. En tanto alguien deja de ser un igual para ser un corrupto, tiene pocas posibilidades de tener una conducta ejemplar. (Pido perdón por la simplicidad del razonamiento, pero es por culpa de la dichosa misericordia. Quiero pensar que, entre el niño inocente y el adulto corrupto, ha ocurrido algo.) El hedor de lo pútrido no es apetecible. Es por ello que la decencia se aleja: Y los decentes con ella. Quedan pues los que, impregnados de tan nauseabundo olor, se reconocen, toleran y promocionan. Complicado es que la solución sea sencilla cuando hay tanto hedor, como diría Yoda. Es un perfume que va impregnando todas las instancias a las que llega: Para quedarse. Y nada más. Quiero creer que la bondad, enterrada por tan escondida y notoria capacidad, permanece latente. Asumo que, consciente de la situación, evidencia su insostenibilidad. Una vez dicho esto, las conclusiones las saca cada uno.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.