ELIMINACIÓN

Tiempo. A lo largo de la historia, es lo más repetido. Para solucionar nuestros problemas, eliminamos a alguien. Puede que sea echándolo de clase, expulsándolo del campo de juego, haciéndole el vacío, encarcelándolo o, simplemente, exterminándolo.

Se puede hacer de una forma tosca, con una quijada de burro; o con Zyklon B. Pueda ser también con gas mostaza o una bomba atómica. La cuestión es que, a pesar de lo mucho que ha avanzado la ciencia, se siguen utilizando los mismos argumentos para usar los mismos métodos con evolucionada elegancia.

¿Qué gano yo con eliminar a nadie? ¿Cuál es el método de discernimiento para discriminar quién y quién no? ¿Alguna vez se ha pensado en la posibilidad de respetarnos?

Respeto. Un hecho que se considera desde una posición unilateral y que ha de ser tenida en cuenta como patrón de comportamiento mundial.

No se trata de que seamos todos de la misma fe, que hablemos el mismo idioma: Es tratar al otro como yo quiero ser tratado. Vivir con dignidad y respeto debido. Acoger lo diferente como propio, sin ese vértigo que te hace ver al extraño, extranjero o alienígena como si fuera alguien que te eliminará a ti para ocupar tu puesto.

Vivir en un equilibrio en el que se cambian las circunstancias y no las personas: En las que todos somos incluidos y no somos candidatos al exterminio por sustitución.

Concluyo pues que hay que cambiar el tablero y no las piezas: Las reglas del juego y no los jugadores

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