ONE WORLD

Pasa mucho últimamente. Alguien, bienintencionadamente, te manda un vídeo con consejos para sobrevivir a lo que sufrimos en silencio; otros, nos hablan de las virtudes del ajo o de la Quinoa; los más habituales son los que nos mandan los profetas sistemáticos, los que viven a un lado y no saben que el río tiene dos orillas: Son los que nos advierten de que vienen los moros y que nos vamos a cagar.

En fin. Con arabesca musiquita de fondo nos relatan cómo, científicamente, los datos demuestran la decadencia de nuestra cultura y la debilidad a la que nos ha abocado la misma, exponiéndonos al mayor de los apocalipsis: Los Musulmanes.

Si hubiera habido un final del mundo cada vez que nos han avisado de tal evento, habrían sido más de cuatro las veces que habríamos constatado que hay mucho mentiroso suelto y con ganas de tangar al personal.

Quiero vivir conforme a lo que creo. Y creo que todos somos hermanos. Asumir eso en toda su potencia es insoportable. Pero no puedo dejar de creer en lo que creo por miedo o prejuicios. No dejaré de creer en la naturaleza humana como fuente de toda alegría.

No voy a ser exhaustivo. Cuando cayó el Imperio Romano, no se barbarizaron las urbes: Se romanizaron los bárbaros, siendo caldo de cultivo para el posterior desarrollo de la futura Europa. No sé en qué piensan los agoreros de la rabia y la xenofobia. Por supuesto que estamos en un cambio de época. Pero, si lo miramos tranquilamente, es una oportunidad de evolución. No es digna de alabanza nuestra cultura actual. Cosifica las personas, pone precio a todo, patea la dignidad de mujeres y hombres e impide que las familias puedan tener una vida como tales pues hemos de mantener el sistema, la sociedad del bienestar: Bienestar solos, amargados, sin trabajo, sin futuro ni esperanza.

Por ello deseo vivir con apertura y no con miedo. En un mundo globalizado, las posibilidades de que volvamos todos nuestros ojos a La Meca son tan reducidas como las de que yo pueda ver sin gafas.

La humanidad es una especie plena de posibilidades. Por ahora, ha hecho posible la desgracia y tristeza de muchos de sus hijos. ¿Por qué no podría ser un momento de redescubrimiento, de compartir, recomenzar?

Que la paz habite nuestros corazones y nuestros brazos trabajen por la dignidad y la unidad.

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