ÚTILES

¡Yo, yo, yo, yo! grita un niño detrás de su madre para que le deje llevar cualquier cosa de lo que han comprado en el supermercado. O los ves tirando de la misma cesta, que abulta más que ellos, pues ya son mayores. Siento que, esencialmente, todos y cada uno de mis actos van dirigidos a la eficiencia y la utilidad. Limpio mi casa, plancho la ropa, escribo y emparejo los calcetines. Esto último es una buena medida porque me frustra mucho cuando me queda uno, o dos, calcetines sin emparejar: El mundo se queda cojo. No hay equilibrio. Útiles. Para ganar dinero y gastarlo en lo que haga falta. O no. Para comprar prestigio ante los demás… Para que nos perciban necesarios y, con ello, sentir la mano del amo del perro, acariciando nuestro lomo. Para salir de nuestra burbuja y compartir nuestro tiempo con los que no tienen los mismos recursos que nosotros. Para sentir que estamos vivos pues nuestros actos ante los otros son reflejados por las actitudes resultantes. Ganar, percibir, salir, sentir… Útiles al fin, como muestra de nuestra existencia. En tanto nuestra vida produce en lo profundo una evolución, vale la pena seguir saliendo afuera, interiorizando y plantando las semillas que renovarán nuestro jardín vital. No somos útiles cuando estamos solos. Lo somos cuando estamos en relación.

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