GORDO. O LO QUE ME ROBA

Gordo. Creo que hay varios puntos de vista para usar esa palabra. Objetivamente no es ofensiva. Si la aplicamos en diversos contextos, no tiene connotaciones. Pero, como soy humano, camino por las calles y voy clasificando en función del canon actual. La libertad, como decía el poeta “rodeo que va dando la cadena” en la que vivimos, nos hace estar sujetos a los estándares. Me confieso: Dentro de mi mente se van colocando por tamaño y forma, complexión e índice de masa corporal; Y me repugno. ¿Quién soy yo para evaluar a nadie sólo por su aspecto físico? Y me doy cuenta de que, cuando pienso en la primera palabra del presente texto al mirar a una persona, mi humanidad está siendo robada por un arquetipo, un modelo que no se corresponde con la realidad que vivo. ¿Qué gano yo con colgar ese adjetivo? Nada. Siento que me voy vaciando de todo lo que me hace distinto, único. Y me embrutezco, me vuelvo vulgar, necio. En todos y cada una de las mujeres y hombres del planeta vive un hijo de Dios. No puedo querer en mi adentro comprender, calibrar y asociar a valores tabulados a ninguno de los terrícolas pues todos son maravillosamente distintos, dispares, esencialmente bellos. Lo que me separa de su belleza me roba una oportunidad de ser feliz.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.