LA PIEL DEL TAMBOR

Son muchas las veces que me descubro buscando la forma de decir algo de una manera distinta. Y uno de los temas que más vueltas dan en mi cabeza es el vacío. El vacío es aquella cosa tan tentadora que no te da nada y que te obliga a buscarlo en su multiplicidad de formas. Por supuesto, aunque la mona se vista de seda, vacío sólo queda. En ninguna de sus formas aporta nada, porque no tiene nada que añadir. Y una de sus formas más populares es la Estética, el Look, como lo llaman algunos. La primera impresión es la que cuenta. Por eso nos empeñamos en aparentar lo que no somos o lo que fuimos tiempo atrás y que nos garantizó un cierto éxito social, cierta aceptación asociada a la imagen externa. La cirugía: Ese método tan increíble que nos da seguridad gracias a la amputación de signos externos de haber pasado por el tiempo, que no significa que se haya vivido. Esos signos eran antes señas de identidad respetadas. Ahora, la gente acude a esta fuente de eterna juventud con el adolescente criterio de la aceptación. Es una desgracia que el sentido de la vida quede reducido a lo que ves. Y es penoso ver cómo por la tele y todos los medios se asedian los pocos y maltrechos valores que quedan por supuestos famosos que nos hablan de lo divinos que son y de cómo, en un corto espacio de tiempo, se puede pasar de persona a mutante y tiro porque me toca. Aumentan el volumen de todo lo que pueda ser susceptible de ser llenado por una prótesis, pero se hacen liposucciones para eliminar esos volúmenes no deseados. Con tanto viaje de curvas, la piel se les va tensando hasta crearles en la cara una eterna sonrisa. Como la piel del tambor: Para que suene, tiene que estar muy tensa. A golpe de efecto, se intenta que la vida de la fama se alargue a través de su brevedad. El tambor suena a golpes, pero dentro de el sólo hay vacío. Cuanta más tensión, más agudo el sonido, como agudo es el bisturí que va estirando la piel y borrando el tiempo de la piel, como si borrar los signos nos devolviera la juventud, como si volver a la juventud fuera algo posible tras un postoperatorio. Es lamentable la negación de la vida a la que llegamos sin darnos cuenta por no cuestionar el modelo, por tragarnos todas las mentiras dándolas por válidas por ser repetidas por televisión hasta el hartazgo. Es inevitable pensar que esta tendencia se da en todos los campos de la vida. Porque el maquillaje se da en las personas tanto como en los grupos. Las personas que intentamos mantenernos en la vanguardia de nuestras opciones corremos el riesgo de tensar la piel del tambor para seguir sonando, para estar vivos. ¡Ay de mi si quiero sonar! ¡ Ay de mi si quiero ser último para ser primero! Y cuidado con tensar demasiado la piel del tambor, pues se romperá: Roto, no sonará; no habrá juventud ficticia, ni sonido: Miraremos a través del roto y sólo veremos lo que queda cuando llenamos la vida de vacío: Nada.  

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1 respuesta

  1. Barberán las oscuras golondrinas dice:

    Gracias!!!…gracias por el buen rato… me he plantado frente al esejo a dar cuenta de mis arrugas y mis descuelgues (esos horribles colgajos q caen a los lados de la barbilla, porq los otros descuelgues, los de la cabeza no me los arregla ni el mejor cirujano)…me he propuesto, aunq sea por un dia, verles el lado positivo y darles sentido e historia a cada una de ellas…que buen rato…me he reido… tengo historias para todas…será q m hago mayor…jode, pero cuanto más me rio más me arrugo,mola!!!!…pr cierto, cuando te conocí yo no tenía ni una …además de en el corazón…seguro q te llevo en alguna arruga…jajajaja

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