CAPITÁN DE LOS PIOJOS

Recuerdo una mañana que entraba en el colegio, cuando la EGB; lo hacía por la puerta lateral, la que daba a los campos de fútbol: Donde los que nunca éramos elegidos para jugar los mil partidos simultáneos, nos íbamos a las lindes y encontrábamos las pruebas del Diluvio Universal: Conchenas y moluscos fósiles…

Me estoy desviando. Vi cómo un señor tiraba una colilla. Imprudente de mí, sin tener reparo sanitario alguno, la cogí y soplé con todas mis fuerzas. La devolví a su suelo y la rematé de un pisotón. Seguí preguntándome cómo ese señor era capaz de echar humo y yo no.

Y recuerdo los recreos donde, al sonar la sirena, íbamos en tromba a la fuente para beber sin temor a adquirir la Gripe A.

Este derroche de nostalgia es como mirar el NODO. Es un ejercicio en el que compruebo cómo los mensajes que se nos grabaron a fuego (eres un mal dibujante, nunca conseguirás nada en los estudios y lindezas como esas) se revelan hoy como cicatrices que duelen con el cambio de tiempo.

Hoy, lo quiero y lo creo, soy “El dueño de mi destino: Soy el capitán de mi alma”. El “gafúo cuatroojos, capitán de los piojos” le da la mano a quien quiere vivir escribiendo, sin tatuar insultos; queriendo respetar. Sobre todo, creer.

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