CENIZAS

En el tiempo de las flores, de la luz, no teníamos nada. Sólo estábamos tú y yo. Los pétalos se entrelazaban con tu pelo y el agua arrullaba. Sonaba como el arroyo, tenue susurro que era banda sonora de nuestros besos. No necesitábamos nada porque lo éramos todo. Los zapatos dejaban huellas que no se parecían a las nuestras. Por eso, nos descalzamos y, las piedras que sentíamos en las plantas, eran las que construían los muretes de nuestro jardín: Siemprevivas, Margaritas y Jaras decoraban nuestro imaginario. Y nada más. Nunca un reto fue bastión inexpugnable. Jamás fue la rendición una opción. Cuando faltó la luz, buscamos luciérnagas. Y ahora, como Géminis, nuestras nucas no se hablan. No se tocan nuestras espaldas. La tristeza apulgaró la salud y el silencio y sus ratas fueron poblando la cocina, el salón… La cama helada nos escupe, uno a cada lado… No sé si hay cura para el vacío, pues no hay sonido en el oscuro espacio. Pero allí reside la Luna, iluminando la tiniebla. Navegando las constelaciones, preñada de diversidad e ideas, el arca navega. Ojalá me mirases. O mejor. Cerraras los ojos y, con tu voz, me buscaras; yo, te buscara. Y, de la ceniza, brotara una chispa, diminuta, que funda el frío invierno que viene.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.